
Que cada uno piense lo que quiera. Una de las primeras cosas que escribí en este blog es que no me gustaban las etiquetas y que mi ideología la demostraría poco a poco en esta bitácora. Consciente de que este primer párrafo suena a la justificación que quería evitar, empiezo mi alegato dando la razón al presidente francés, Nicolas Sarkozy.
Y le doy la razón porque el máximo dirigente galo no echa a los gitanos rumanos por serlo, sino que expulsa a aquéllos que generan desorden, por no decir que realizan actos de delincuencia. No digo que todos los gitanos rumanos sean ladrones, no me quiero dejar influenciar porque las dos únicas veces que me han intentado robar fueran gitanos rumanos, lo que defiendo es que tú no puedes estar en un país extranjero cometiendo actos ilegales, porque lo razonable es que te den una patada donde acaba la espalda.
Si yo voy a Francia –lo haré próximamente– y me pongo a robar carteras y además duermo en la calle, lo más seguro es que me echen. Y no lo harán porque soy español, lo harán porque estoy generando ‘desorden’. Es fácil meterse en un coche (oficial o no) sin pasar por el metro, por ejemplo, y defender que lo que hacen los gitanos rumanos no es tan malo y además, permitirse el lujo de comparar su expulsión con el holocausto nazi.
El relativismo cultural, la integración y la diversidad son ideas que defiendo plenamente. Sin embargo, esta gentuza –lo digo por los que roban e intimidan, no por los gitanos rumanos- es la que hace que esos principios se tambaleen. Que vengan a buscar una oportunidad está muy bien, pero que pasen la frontera para hacer que nuestros países se sitúen en el nivel en el que están los suyos de origen, a nivel de seguridad, por ejemplo, no me parece tan aceptable.
Una de las fuentes de ingreso de las que vive España es del turismo, no hay más que darse una vuelta por la calle Serrano, Velázquez o la Puerta del Sol para ver a una manada de estos individuos –a plena luz del día- detrás de los bolsillos de los turistas, lo que perjudica nuestra imagen y nuestros ingresos. Si queremos degradar nuestros valores y nuestra civilización dejemos que venga quien quiera y que haga lo que desee sin ceñirse a ninguna norma. Sin embargo, no creo que eso sea un principio de la socialdemocracia.



