"Si no podemos vivir juntos, moriremos solos"
Jack Shephard (Lost)

lunes, 8 de febrero de 2010

EL ‘PENSIONAZO’: LA FALTA DE IDEAS LLEVA A LA DEMAGOGIA


El ‘pensionazo’ es un ejemplo de como todos los políticos hacen demagogia. Todos -digo mal- los que salen a menudo en nuestros medios de comunicación, aquellos que se van a casa con los bolsillos llenos después de ‘trabajar’ durante cuatro años asegurándose una pensión vitalicia bastante más alta que los que han estado empleando toda su vida. Desde aquí defiendo el trabajo del político honrado que se deja la piel día a día por su pueblo, sin más reconocimiento que el de poderse mirar al espejo tranquilo. Por cierto, si alguien conoce alguno que me lo presente.

Demagogia es decir que porque la jubilación suba un par de años se va a solucionar el problema de las pensiones. Es demagogia barata y fácilmente desarmable, ya que son numerosos los ejemplos de empresas en las que se acuerda prejubilar a una parte de la plantilla para evitar engrosar las colas del INEM. Además, no son pocos los que se preguntan –con acierto- cómo va a ver trabajo para una persona de 66 si no lo hay para una de 25.

Pero también es demagogia llevar innumerables años hablando de la reforma en el sistema de pensiones –PP- y a posteriori, cuando un Gobierno de un tinte diferente al tuyo lo plantea (con cierta timidez y cobardía), intentar utilizar esa medida como estilete político. Menos claro, pero muy semejante a cuando desde la oposición se clamaba por fortalecer las cajas y bancos “para evitar un corralito”, y una vez que el Ejecutivo lo lleva a cabo, el portavoz económico del partido de las gaviotas, Cristóbal Montoro, declarar insistentemente que Zapatero quita dinero a las clases medias para darse a los banqueros.

Sin embargo, volviendo al tema de las pensiones, tengo que decir que yo apoyo la medida de retrasar la edad de jubilación –aunque establecería una cláusula de voluntariedad-. Defiendo la iniciativa, primero porque es necesario reforzar un sistema que se ve amenazado por la falta de ingresos, segundo porque la esperanza de vida ha subido notablemente desde que en la primera época de la dictadura se fijó los 65 años como edad de jubilación y tercero porque, además de que se suelen vivir 20 años más allá de la jubilación, un ser humano con 67 años puede trabajar perfectamente (dependiendo de la labor que desempeñe).

Esta argumentación no está lejos de las personas que piden que se finalice con las prejubilaciones masivas –TVE, por ejemplo- de hombres que están en condiciones de seguir desempeñando su trabajo, tampoco es distante de los que creen que se debe recortar el gasto público en burocracia, o de los que consideran que los primeros que se tienen que atar más corto el cinturón son los políticos. Jubilarse a los 67 sí, pero apoyado con otras medidas –de fomento de empleo, por ejemplo-, mirando la necesidad de cada sector, recortando privilegios de la clase política y borrando del panorama algunos ministerios inservibles.

lunes, 1 de febrero de 2010

ARBITROS, ABUSO DE AUTORIDAD


Parece un argumento manido, y sinceramente con la que está cayendo –dentro y fuera- me produce cierto sonrojo hablar de los árbitros que pueblan por los campos españoles. Esta vez es por un motivo diferente, siempre he admitido que los colegiados son humanos y que precisamente por eso se deben contar con nuestro respeto y nuestra admiración ya que tienen que tomar decisiones en muy poco espacio de tiempo.

Puesta la tirita en la herida que voy a propinar, ya me puedo despachar a gusto, aunque antes quiero añadir que como en todos los sectores de la vida hay grandes profesionales. Partido de domingo en un campo del polideportivo La Elipa, categoría senior, son las 11 de la mañana y como en las últimas semanas caliento junto a mis compañeros de ‘Los Parásitos’. En el ambiente impera el buen ambiente de siempre, hoy me tocaba ser defensa –suelo jugar en el medio- por falta de zagueros en el equipo.

Estiramos y tiramos a puerta mientras pasan los minutos. Son más de las 11 y nuestro capitán, Chavi, decide bajar a buscar al árbitro al vestuario para saber el motivo del retraso. El trencilla que pitaba hoy era nuevo en nuestra categoría y al parecer no tenía mucho ánimo de trabajar (aunque si de cobrar) por lo que decide suspender el partido porque, a pesar de que llevábamos en el terreno de juego 20 minutos, como él estaba escondido, le habíamos entregado las fichas a las 11.06. Así que el árbitro decide que no hemos comparecido ninguno de los dos equipos, por lo que ambas escuadras somos penalizadas con la supresión de un punto en la clasificación.

Los dos conjuntos decidimos bajar al completo para presionar al árbitro y que nos dé explicaciones ya que en todo el tiempo que llevamos jugando en la liga (alguno de mis compañeros más de 10 años) no se nos había presentado un problema similar. Sin embargo, el problema no es que el colegiado no quiera pitar (a pesar de que había tiempo suficiente), el conflicto se agrava cuando estoy yo sólo dentro de la caseta con el árbitro y me avisa, no sé a cuento de qué, de que él es el que decide, que es la autoridad que rellena el acta y que si quiere puede “poner que me has agredido o que me has insultado”.

La situación hay que extrapolarla y sirve de crítica para este país, en el que cualquiera que tiene un poco de poder se cree con derecho a faltar a la ética profesional y pisar a los que dependemos de él (aunque le paguemos nosotros), imagínense si este individuo –Miguel A. Canterín- fuera policía, concejal, juez o incluso médico. Un personaje que puede fastidiar a alguien sin meterse nada en el bolsillo, sólo por su propia ¿satisfacción? figúrense lo que puede hacer por ganar unos euros a costa de unos árboles que dificultan la construcción de un campo de golf, la seguridad de las personas o unos cuantos muertos más encima de la mesa de alguna funeraria.

viernes, 29 de enero de 2010

VUELVE PRONTO, POR DIOS


El mejor lateral izquierdo del mundo juega en Coruña, se llama Filipe Luis, y digo bien, juega. Estoy convencido de que el brasileño va a volver y con más fuerza que cuando se lesionó, fortuitamente, en el partido de este sábado frente al Athletic, cuando marcaba el primer gol del encuentro. Filipe es un jugador de garra, de ésos que luchan y se dejan la piel, la sangre y el sudor en la hierba, aunque estoy convencido de que si tuviera que jugar en tierra también lo haría.

Un deportista, un atleta que llevaba 82 partidos de liga consecutivos disputados, a cada cual con más esfuerzo y pundonor. Cuando llegó al depor le miraba con el recelo que se mira a un defensa joven y brasileño –dos características poco favorables para un zaguero- sin embargo, poco a poco se fue ganando el cariño del público y ahora era el más querido de la afición, sólo superado por Don Juan Carlos Valerón.

A Filipe, en Coruña se le mira como a la típica novia que sabes que algún día se va a marchar de erasmus y que sabes que quizás no vuelva. Le miramos con aprecio porque se merece jugar en un equipo que tenga su espíritu ganador, pero le vemos con el orgullo de quien es conocedor de que tiene una gran riqueza y que hay que disfrutar mientras se pueda.

Filipe iba a disputar el mundial, estoy convencido de ello, también estoy seguro de que iba a acabar jugando de titular y de que el próximo año íbamos a disfrutar de él en un equipo más grande que el depor. Me iba a alegrar por él y le íbamos a echar de menos en Riazor. Sin embargo, ahora nos entristecemos por su lesión y le vamos a extrañar por la banda izquierda del coliseo blanquiazul.

El mejor lateral izquierdo del mundo, no utiliza máscara. Le dice al portero del Athletic que en cuatro meses le mete otro gol y sabes que se lo cree, que ya está poniéndose en forma aunque tenga que permanecer postrado por una lesión que le alejará de los campos de juego entre cuatro y seis meses. El buen humor, el tesón, el carácter y las ganas de volver de Filipe le van a ayudar a regresar. Que sea pronto, por Dios.

lunes, 25 de enero de 2010

QUE DISTINTA SERÍA LA VIDA


Siempre he defendido que los lugares los hacen las personas que los habitamos. Puedes estar en un sitio gris y vulgar, pero si estás rodeado de buena gente el emplazamiento se vuelve interesante. Ocurre con muchas ciudades, pero sobre todo pasa en los microcosmos donde transcurre nuestra vida cotidiana. Pongamos por ejemplo el lugar de estudio, el trabajo, el gimnasio, yo que sé...

La historia quedaría incompleta, para los que no me conocen, sino explico que hace seis años estuve apunto de no poder estudiar periodismo porque una profesora se empeñó en que tenía que suspender matemáticas (en selectividad saqué un 7,5). Esta señora mintió muchísimo, pero al final conté con la ayuda de un funcionario de esos a los que le gusta su trabajo: José Antonio del Beatriz Galindo. Este hombre, cuando yo estudiaba, tenía el cargo de orientador, además de ser mi profesor de psicología.

Tuve suerte. Ese año, en el que la profesora de matemáticas mintió para que no pudiera hacer la selectividad, José Antonio era mi tutor. Un funcionario que se ganaba el sueldo, que consultó a mucha gente para confirmar mi versión y que finalmente creyó en mí. Me defendió a capa y espada y consiguió que mi examen de matemáticas lo viera una inspectora que, por supuesto, subió la nota de un 3 a un 5, permitiéndome hacer la PAU.

Eso hizo que yo pudiera estudiar periodismo en 2004, sino habría perdido un año y no habría conocido a la gente con la que me he encontrado en estos cinco años. No sé donde estaría, sólo sé que no estaría aquí, en este camino que tanto me gusta, puede que ahora estuviera escribiendo otra cosa y seguro que tú no lo leerías. Hay lugares, hay personas que cambian la vida. José Antonio es una de ellas.

Da la casualidad de que además José Antonio conocía gente de la revista La Voz del Beatriz (que es como se llama la publicación de mi antiguo instituto) y me propuso escribir en ella. La verdad es que nunca publique nada, lo fui dejando.... Sin embargo, si que me sirvió para conocer a alguien que escribía en ella (a la que conocía de vista desde hacía ocho años). Después, la casualidad, el metro, el desparpajo que brota en el momento más imprevisto, la cercanía, las coincidencias, la afinidad, la buena suerte... a veces, hacen lo demás. José Antonio cambió mi vida, no sé dónde estaría sin él, pero sé que donde estoy -donde estamos- me gusta. No me imagino mejor compañía.

martes, 19 de enero de 2010

DONDE LA VIDA Y LA MUERTE NO VALEN NADA


En estos días en los que los muertos de Haití ocupan la primera plana de todos los periódicos que no se atrevieron a sacar a los muertos del 11-S, me aterra pensar en una idea que defiende una amiga ucraniana: “la muerte violenta también es natural”. Y cuando habla de “la muerte violenta” se refiere a los asesinatos a sangre fría (o a sangre caliente, es igual).

Ella dice que el planeta tiene exceso de pasajeros y que de alguna forma se tiene que expulsar a alguno de los que viajamos a bordo. “Es normal, somos más de seis millones y alguno sobra”. Me aterra pensar que esta idea salga de los labios de una chica de poco más de 20 años y más –insisto- en estos días en los que los muertos se empiezan a contar por decenas de miles al otro lado del Atlántico.

No quiero ser determinista y decir que cuando hay exceso de población la Tierra se la sacude con terremotos o tsunamis, pero si que es cierto que en una vida en la que morir es fácil (por la cantidad de enfermedades que nos rodean, por la mala suerte y por los movimientos sísmicos), que los hombres nos matemos entre nosotros es todavía más doloroso. El asesinato no debe ser asumido jamás como algo natural, ni siquiera la violencia. Ninguno de estos actos se puede escudar en la frase cobarde: “somos animales”. Porque además de animales somos racionales.

En una escena del Tercer Hombre, Orson Welles dibuja la imagen más aterradora del hombre. Un individuo, subido a lo alto de una montaña rusa, le comenta a otro que si por cada punto que se dejara de mover le dieran cierta cantidad de dinero, cuántos puntos le gustaría que se parasen. Los puntos eran seres humanos que se veían desde lo alto del carrusel.

Sin embargo, de la anécdota hay que sacar algo menos concreto y es que en algunos lugares la vida no vale nada. En muchos sitios del planeta la muerte a tiros se interpreta como algo natural. “Murió de un ataque de plomo”, comentan y casi nadie lo llora porque lo ven como algo cotidiano. No quiero señalar con el dedo, pero uno de los sitios en los que los asesinatos están a la orden del día es en Ucrania, quizás por eso mi amiga lo ve como algo natural. Es en este momento cuando tenemos que abandonar el relativismo y hacer ver que cualquier fallecimiento es doloroso, pero si además no es fortuito, es como si nos mataran a una parte de nosotros mismos. Si nos quedásemos solos, ¿de que valdría el dinero?

martes, 5 de enero de 2010

¡QUÉ VUELEN ELLOS!


El avión siempre ha sido un medio de transporte cómodo y rápido; te sientas en tu asiento, te abrochas el cinturón, cierras los ojos, y a las dos horas y pico estás en Gran Canaria, en Milán o en París. Si le echas un poco más de tiempo llegas a Miami, Cuba o Puerto Rico. Antes de subir a bordo pasas unos controles rutinarios; aunque depende de adonde vayas, ya que si vas a Estados Unidos tienes que responder a preguntas tan lógicas como: ¿perteneces a una organización terrorista?¿Quieres matar al presidente? Etc, todo muy lógico, porque está claro que la gente suele confesar este tipo de cosas.

Cómodo (quitando que no puedes llevar líquidos, por ejemplo) y rápido, hasta ahora. Momento en el que parece que la seguridad debe estar por encima de todo, incluida la intimidad. Porque que me digan qué es que te hagan pasar por un escáner en el que te pueden ver como si estuvieras desnudo, como se está planteando en Estados Unidos, Gran Bretaña y en Holanda. Vamos, que los niños que sean un ‘pelín’ pervertidos, en vez de ginecólogos, van a querer ser guardias de seguridad de aeropuertos americanos, británicos o holandeses.

Pero además de estos nuevos aparatos para ‘garantizar’ la seguridad del pasaje, se añaden otras medidas que parecen aún más irracionales. Los viajeros que se dirijan a Estados Unidos tendrán que viajar con un sólo equipaje de mano, y cuando queden 60 minutos para el aterrizaje no podrán utilizar aparatos electrónicos como mp3, Dvd portátil, ordenadores, etc. Quizás estas medidas tengan algo de lógica y alguien me pueda decir que antes la gente volaba sin ir enchufado a ningún artilugio y no pasaba nada. A ellos, les diré que, además, durante la última hora de vuelo no podrán ir al baño, ni leer, ni utilizar almohadas o mantas de vuelo, ni tener nada cerca de las manos; por otro lado, en vez de dos, tendrán que estar tres horas antes en el aeropuerto.

Entiendo el razonamiento de la seguridad, sobre todo después de que un individuo intentará hacer explotar, en pleno vuelo, el día de Navidad un avión que partía de Ámsterdam y se dirigía a Michigan (Detroit); era la respuesta de Al Qaeda a los ataques que había sufrido la organización terrorista en Yemen. Pero si la seguridad tiene que estar por encima de todo, me pregunto por qué no viajamos esposados, como si fuéramos delincuentes, y encañonados durante todo el vuelo, con tal de que no nos mareen antes de subir a un avión y nos dejen ir al baño cuando sea necesario, como diría Gomaespuma, yo casi que te lo prefiero.

sábado, 2 de enero de 2010

AUTOPISTA POR UN CIELO MOJADO


Saltamos, rugimos, nos agachamos para que el granizo no nos golpee con tanta virulencia, cantamos, reímos... Son los momentos antes de la San Silvestre, las 18.07 avenida de Concha Espina del último día del año. Junto a mí, como el más fiel de los escuderos, mi hermano Antonio. Estamos rodeados de miles de desconocidos, entre el tipo de delante y yo unos milímetros, le piso sin querer, él me pisa, nos disculpamos y nos sonreímos. Nos une el color de la camiseta, ese rosa chicle oscuro que ha tocado en 2009 y que hace que conformemos el equipo más grande del mundo. El equipo de la San Silvestre Vallecana. Complicidad.

Complicidad como en el momento en el que todo el grupo de la segunda oleada (los participantes salimos en tres grandes oleadas -18.00, 18.08 y 18.15- para que no nos amontonemos los 22.800 corredores) nos dirigimos a la línea definitiva de salida. Carreritas cortas para no perder la posición, aplausos al grupo que salió ya en pos del campo del Rayo, manos al cielo y vuelta a rugir para sacar la adrenalina que llevamos dentro. El ambiente recuerda a una batalla épica, los pasos de los corredores son impulsados por el sonido ‘Highway to hell’(autopista al infierno) de AC/DC. El recuerdo de la batalla de Troya o de la lucha de los orcos se matiza con el suave y siempre adictivo olor a reflex que desprenden las piernas de algún precavido.

La lluvia arrecia, las manos frotan los cuerpos para evitar que el poco calor que acumula la piel se evapore, suenan los cuartos que preceden a las uvas de fin de año que es el pistoletazo de salida que han elegido los organizadores de la San Silvestre. La carrera está en marcha. Antes de salir nos abrazamos mi hermano y yo, en el abrazo hay más de fidelidad (no nos vamos a separar durante los 10 kilómetros pase lo que pase), de ánimo y de complicidad que de cariño.

La carrera empieza con la típica cuesta de Concha Espina, subimos fácil porque todavía el recorrido no ha hecho mella en nuestras piernas. Me sorprende que, a pesar de que llueve bastante, los laterales de la carretera están llenos de curiosos. El camino transcurre tranquilo y acompasado por la lluvia. Continuamente mi hermano me busca con la mirada y yo a él. No nos perdemos, gritamos a la gente para que nos anime, aunque pienso que bastante tienen con haber bajado a la calle para vernos pasar. Algunos niños se atreven a sacar las manos de los bolsillos para palmear las manos de los participantes. Choco la mano con un niño y sonrió.

Mi hermano y yo llegamos a meta de la mano, tiempo 45.20, posición 2.725 (no está mal, he corrido más que 20.075 personas- pienso). Caminamos juntos bajo el frío y el agua que han calado todas las capas que me cubrían, buscamos el metro. De camino devolvemos el chip que llevamos atado a la zapatilla y que cuenta el tiempo, cogemos agua, bebida isotónica y un plátano. Mi hermano me dice: “podría haber corrido más, pero no sabía el recorrido y no podía vaciarme, pero el próximo año...” Acabamos de finalizar la carrera y ya estamos pensando en el próximo año, esto es la San Silvestre. Una tradición como el turrón, las campanadas, las uvas y los polvorones, el que la cata repite porque es una fiesta y porque es la mejor forma de acabar el año.

El 31 te vi correr, no sé si estuviste en la carrera pero de alguna forma corriste conmigo, por eso estoy contento. El año 2010, el tuyo y el mío, ha empezado bien, estamos en un buen lugar y estamos juntos. Tiene pinta de ser un buen año, con sus números redondos 20-10, y quiero que lo sientas así. Te deseo una década feliz ya sea la de tus 10,20,30,40,50,60,70,80,90 (no se me olvida que mi abuela cumple mañana 90 añazos, no estaré en Valladolid, pero estaré para los 100). Espero una década cargada de deporte y de salud, porque al final los buenos hábitos, la amabilidad, el buscar hacer la vida más fácil y más feliz a los que nos rodean, las ganas de sonreír.... son el camino hacia el cielo que sólo te puedes garantizar tú, mientras estés vivo. La lluvia y otros obstáculos de la autopista son los que hacen que vivir tenga mérito y que el cielo sepa más a cielo.