"Si no podemos vivir juntos, moriremos solos"
Jack Shephard (Lost)

jueves, 14 de octubre de 2010

VERDE PARÁSITO, VERDE PARODIA


La historia de un equipo bien se puede medir en las ilusiones que genera y en este sentido el ‘Parásitos’ es uno de los equipos decanos que disputan la liga de barrios a nivel amateur. Todas las escuadras a las que se enfrenta se ilusionan una barbaridad cuando ven el ‘peto verde’ del Parásitos en el equipo rival.

Con muchos años a sus espaldas y unas cuantas anécdotas entre las que se esconde el nombre del equipo, la ‘camiseta’ verde de los parásitos es reconocida en muchos distritos del fútbol madrileño.

Por este conjunto han pasado jugadores con glamour, y la historia reciente habla de aquel portero que se vendaba las manos, aunque nadie tenía ninguna noticia de que padeciera ninguna lesión, y menos aún se entendía el cariño con el que protegía las manos si sólo las utilizaba para desenredar el balón de las mallas, porque lo que se dice parar, no es que parase mucho.

Los anales de la historia parasitaria también hablan del pundonor de César que, entre verso y verso de la Biblia, se cabreaba con los árbitros cuando le pitaban una falta en contra, a pesar de que se la habían señalado en medio campo y que el equipo iba perdiendo 8-1. Su “no, hombre, no” aún resuena en el polideportivo de la Elipa.

En estos párrafos también hay sitio para el pulgón, perdón, el pulmón, -como va de verde...- del equipo, el ‘21’, un tío llamado Pablo que corre en todas las direcciones, al más puro estilo ‘Forest Gum’, pero que generalmente siempre llega tarde a todos los balones (vale... también a lo que no son balones). Este año es el cuarto de este jugador y no tiene visos de cambiar el dorsal aunque si la forma de jugar, porque los años no pasan en balde y ya ha afirmado a esta publicación que “correr para ná es tontería y que este año va a dejar de correr como un pollo sin cabeza y verá los partidos con más sosiego”.

Compartiendo vestuario con este elenco de jugadores y sangre con el ya mencionado ‘21’, a la derecha en el terreno de juego y a la izquierda por los comentarios que vierte en este blog, la gran gacela blanca, un pedazo de extremo (lástima que no tengamos al extremo entero) que la última vez que ganó una carrera a alguien fue a una señora que iba cargada con las bolsas de la compra y que llegó más tarde que él al autobús, gracias a la punta de velocidad que atesora el diestro.
También cuenta la leyenda que Tony corre más que el capitán del Parásitos, pero con el señor Chavi no me meto porque él y su hermano el ‘Rajas’ son los que mandan en el equipo y la historia ya ha demostrado lo que pasa cuando te enfrentas a los capataces de una institución con la importancia del equipo verde.

Además, este año el Parásitos cuenta con la incorporación de Álex (siempre que resuelva la situación contractual con su anterior equipo, claro), Hugo y su hermano. La idea es que, aunque no ganemos, todo quede en familia. Tres nuevas caras que seguro que dan más lustre y esperemos que más sentido al nombre del equipo, que como habéis podido comprobar tiene un pasado épico.

Si quieres ver este circo, el domingo tienes una cita a las 12 de la mañana en el ‘Nike Football’ del Polideportivo Breogán de Madrid, junto al metro Parque de las Avenidas, a menos que el partido se suspenda porque al equipo verde le reclamen su regreso al Zoológico.

martes, 12 de octubre de 2010

EL CUMPLEAÑOS DEL SEÑOR RUDOLPH


Se me agolpan las ideas en la cabeza y no me queda más solución que sangrarlas a golpe de bolígrafo para desahogarme. Es una noche rara, llueve y me apetece hablar con todo el mundo, pero a la vez desaparecer y callarme.

“Como venganza de la buena suerte o recompensa de la mala vida”, dice una canción de Fito que escuchaba esta mañana y que se me ha ido tatuando en los recovecos de mis pensamientos hasta el punto de que cada pocos segundos se me repite esta frase en mis adentros.

Tenía ganas de escribir algo que tuviera que ver con Rudolph. No sé porqué, quizás porque no lo volveré a ver, tal vez porque muchos de los que leen este blog tienen la certeza de que algún día voy a escribir de él, mientras que Rudolph nunca me ha comentado nada de ‘a ver cuando cuentas algo de mí en tu bitácora’. Y eso que me consta que me lee, aunque tenga un ‘plan B’ y aunque se haya dado muchos golpes –no sólo en un tatami- como consecuencia de su temprana madurez.

“Poco a poco se hace de repente y me tropiezo con los días”. Pues sí y como quien no quiere la cosa llega octubre, con sus cumpleaños y como nunca sabes si éste será el último año que lo celebraremos todos juntos, toca disfrutarlos o por lo menos intentarlo.

Para cerrar un día tan bueno, a penas hace media hora que he despertado a un tipo que mañana desfilará, porque es militar y se levanta a las 5 de la madrugada, según me ha dicho entre dientes, entre sábanas, entre malaleche, pero sobre todo entre sueños. Sólo le quería desear buena suerte, así que me despido y cuelgo antes que él, para que se quede mirando el teléfono como si lo hubiera soñado.

Rudolph me vuelve a la cabeza, ¡ay si el pudiera hablar! Lo haría, sin duda, sobre la mala educación, y sobre la pena que le supone que te hayas torcido del camino por el que ibas y por el que muy probablemente podrías haber logrado el propósito que te habías planteado desde el principio de nuestros tiempos.

Y en esta noche, y aunque no sea culpa de Rudolph, no se si abrazo a la soledad o es ella la que me pilla descalzo y por sorpresa. Ya te he dicho que tiene pinta de ser un virus: el tuyo y el mío.

(Escrito en una libreta en la oscura noche del 11 al 12, seguramente eran más tarde de la una)

jueves, 7 de octubre de 2010

CON LA 'L' A FLOR DE PIEL


¡Qué peso me he quitado de encima! Demasiados días pensando que sabes conducir, pero que no sabes aprobar un examen, demasiados momentos de stress que con el paso del tiempo te das cuenta que se empieza a notar y no sólo en lo mental. Tres noches en las que te cuesta conciliar el sueño y sólo una en la que me desvelé completamente, por un objetivo que se traduce en un pedazo de cartón que te da licencia para circular con cuatro ruedas.

Volver a Móstoles habría sido un desastre. Es increíble como te puede presionar tener algo por lo que tiene que pasar casi todo el mundo una vez en la vida. Aprobar no sólo depende de ti, es necesario que se den un conjunto de circunstancias: que el examinador se levante con buen pie, que la gente de tu alrededor no te la líe y que tus nervios te dejen pisar lo justo los tres pedales que llevamos a la izquierda. Por suerte, en vez de más pedales, a la derecha tenía a Salva, mi profesor de la autoescuela.

Una de las cosas que más me ha preocupado desde que me enfrenté a sacarme el permiso de conducir era el resto de vehículos que circulan, y con razón. Hoy sin ir más lejos me ha pitado una sujeta porque me he cambiado de carril, ya que había un vehículo en doble fila, después de poner el intermitente, mirar el espejo y ver que había distancia de sobra para hacer el desplazamiento lateral. He tenido suerte: estaba en la clase previa al examen, si llega a ser durante la prueba puede que hubiera suspendido porque una idiota no ha tenido paciencia con alguien que al final está aprendiendo.

Otro de los asuntos que me chocan de sacarse el carné de conducir es por qué los clientes de las autoescuelas de Mostoles pueden circular por los lugares restringidos, mientras que los que venimos de otros lugares de Madrid no podemos hacerlo. Encima de ‘jugar en casa’ lo hacen con ventaja. Eso sí, sacarse el permiso en una autoescuela de Móstoles cuesta una fortuna. Todo lo arregla el dinero.

Y ahora que menciono esta palabra me acuerdo de lo que cuesta sacarse el carné… ¡Qué salvajada! ¿Cómo puede ser que cueste tanto? Y no es sólo problema de las autoescuelas porque la primera que se lleva un buen pico es la DGT. Algo tan elemental como el permiso de circulación debería ser más barato y, por supuesto, menos complicado de superar que, por ejemplo, la Selectividad.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

AEROPUERTOS


Hay dos cosas que me sorprenden de los aeropuertos, bueno dos o tres. La primera es que da igual que llegue pronto o tarde porque siempre acabo andando rápido por los pasillos. Supongo que como son interminables te invitan a dar zancadas aceleradas.

La segunda es que si tienes dinero te tratan mejor y además te cuelan, Al final los aeropuertos no dejan de ser una metáfora de la vida. No es que dentro del avión te den un mejor servicio, cosa normal porque al final has pagado por ese plus, es que en tierra puedes traspasar el control de seguridad por un sitio sin cola, sin que te la toquen, y en el que, además, te tratan de forma servicial.

La tercera cosa que me sorprende de los aeropuertos son las urnas transparentes en las que los fumadores se procuran un buen cáncer de pulmón, es curioso que estén fabricadas para aislar del humo a las personas que no fuman, y sin embargo estén abiertas por la parte superior, lo que hace que a 20 metros de la sala de ‘fumeque’ se pueda aspirar el humo del tabaco.

Y la cuarta que se me olvidó enumerar al principio es que como si fuera el juego de la oca, vas de un aeropuerto a otro y en muy poco tiempo estás en París, y aunque esté en obras, enfrente de la Torre Eiffel.

Por cierto, acaba de pasar la azafata y cuando el pasajero de delante le ha pedido el Público ella le ha dado el Marca y cuando yo le he solicitado El País me ha dicho que no lo tenía. ¿Será un complot contra los medios de izquierda? Si empezamos a desconfiar de todo el mundo andaremos aún más deprisa por los aeropuertos y estaremos perdidos.

viernes, 24 de septiembre de 2010

DEFENDER NUESTROS VALORES


Que cada uno piense lo que quiera. Una de las primeras cosas que escribí en este blog es que no me gustaban las etiquetas y que mi ideología la demostraría poco a poco en esta bitácora. Consciente de que este primer párrafo suena a la justificación que quería evitar, empiezo mi alegato dando la razón al presidente francés, Nicolas Sarkozy.

Y le doy la razón porque el máximo dirigente galo no echa a los gitanos rumanos por serlo, sino que expulsa a aquéllos que generan desorden, por no decir que realizan actos de delincuencia. No digo que todos los gitanos rumanos sean ladrones, no me quiero dejar influenciar porque las dos únicas veces que me han intentado robar fueran gitanos rumanos, lo que defiendo es que tú no puedes estar en un país extranjero cometiendo actos ilegales, porque lo razonable es que te den una patada donde acaba la espalda.

Si yo voy a Francia –lo haré próximamente– y me pongo a robar carteras y además duermo en la calle, lo más seguro es que me echen. Y no lo harán porque soy español, lo harán porque estoy generando ‘desorden’. Es fácil meterse en un coche (oficial o no) sin pasar por el metro, por ejemplo, y defender que lo que hacen los gitanos rumanos no es tan malo y además, permitirse el lujo de comparar su expulsión con el holocausto nazi.

El relativismo cultural, la integración y la diversidad son ideas que defiendo plenamente. Sin embargo, esta gentuza –lo digo por los que roban e intimidan, no por los gitanos rumanos- es la que hace que esos principios se tambaleen. Que vengan a buscar una oportunidad está muy bien, pero que pasen la frontera para hacer que nuestros países se sitúen en el nivel en el que están los suyos de origen, a nivel de seguridad, por ejemplo, no me parece tan aceptable.

Una de las fuentes de ingreso de las que vive España es del turismo, no hay más que darse una vuelta por la calle Serrano, Velázquez o la Puerta del Sol para ver a una manada de estos individuos –a plena luz del día- detrás de los bolsillos de los turistas, lo que perjudica nuestra imagen y nuestros ingresos. Si queremos degradar nuestros valores y nuestra civilización dejemos que venga quien quiera y que haga lo que desee sin ceñirse a ninguna norma. Sin embargo, no creo que eso sea un principio de la socialdemocracia.

sábado, 11 de septiembre de 2010

RAMONA


Durante mucho tiempo prometí presentarla en sociedad y ahora creo que ha llegado el momento. El sábado pasado daba una vuelta por El Retiro con mi madre, y bromeando con ella le decía: “llevó más de año y medio con Ramona y todavía no me he metido en la cama con ella...” Y la señora Carmen me seguía la chanza y me contestaba, “hijo ¿te vas a acostar con una bicicleta? Pero si tiene que ser muy dura...

Y no le falta razón. Porque a pesar de llamarse Ramona, tiene menos carnes que una bicicleta. Quiero decir que una bici normal. Y qué es una bicicleta normal. Me refiero a que la mía es de carretera y que además tiene las ruedas tres milímetros más delgadas que una de carretera tamaño estándard.

El caso es que mi relación con Ramona es muy estrecha, de jinete a caballo de acero. Ella me conoce a mi y yo a ella. Sé sus virtudes y sus achaques de bicicleta vieja que algún día fue un modelo envidiado. Ella es marca Zeus, más amarilla que azul, con algún ribete de color plata. El manillar tiene forma de cuerno de cabra rodeada de una cinta de tonalidad cielo despejado. Sólo lleva un estribo en el pedal derecho porque su dueño quiere tener el pie izquierdo libre ya que, a veces, hay que ponerlo rápido en el suelo.

Es muy bonita y por eso cuando me meto en el metro con ella, todo el mundo (sobre todo la gente mayor de 50, supongo que les recordará a su juventud, cuando lo normal era que la bicicleta tuviera el cambio en el cuadro y no en el manillar) se la queda mirando de arriba a bajo. No la desnudan con la mirada porque nunca la llevo abrigada. Aguanta el frío y el calor y nunca se queja. Eso sí, los días de lluvia dice que hasta que no rasquen la pintura blanca del suelo ella se queda en casa que si no se resbala.

El otro día leí que está demostrado de manera científica que las vacas que tienen nombre se sienten más queridas y producen más leche. Desconozco si esto será lo que hace que Ramona, a pesar de la tira de años que tiene y que Madrid está lleno de baches, siga rindiendo y llevé un año y ocho meses llevándome en sus lomos a todas partes.

Quizás lo más hermoso de Ramona sea como la conocí. Antes tenía una bicicleta que se llamaba Morita, a pesar de estar bien amarrada, un domingo por la noche unos delincuentes se la llevaron y no volví a verla. Ramón, un compañero de trabajo de mi hermana Marta, se enteró de que me habían robado la bicicleta y como tiene la espalda fastidiada, y no puede volver a utilizarla, me la regaló. De ahí que Ramona se llamé Ramona.

martes, 7 de septiembre de 2010

AGUA


“Cómo quieres ser mi amiga, si por ti daría la vida, si confundo tu sonrisa por camelo si me miras, qué hacer tu lo sabes y dejar que el agua corra...” Algo así decía sabiamente una canción de Jarabe de Palo que publicaba Pau Donés en su segundo disco titulado ‘Depende’. El problema viene cuando una vez que has dejado el agua correr el sabor sigue siendo muy malo, “como a cucal” comentaban en mi casa.

Pues sí, el agua que sale del grifo del lugar en el que vivo sabe muy mal, ya sé que es difícil porque vivo en Madrid y aquí el agua tiene fama de ser muy buena. Y tanto que se especula que algunos españoles con fama de tacaños y que viven al noreste de la península estaban viniendo con camiones cisterna a por agua de Madrid para ahorrarse unos eurillos en la compra del agua mineral.

De vuelta a la seriedad de la que quiero dotar mi artículo, me sorprende la reacción de la Comunidad de Madrid siempre que se va a plantear un problema. La solución es poner publicidad institucional sobre la bonanza del producto que después nos van a vender 'pocho'. Ya les pasó con el Metro, llenaron el suburbano de carteles en los que se podía leer: “yo soy librero y llego el primero” o “yo soy profe y nunca hago pellas por la mañana”. En definitiva todos hablaban de lo genial que era el metro, pues... ¡toma huelga! Colas kilométricas para entrar en el tren, retrasos descomunales, y todo ello aderezado de un montón de publicidad institucional, alabando al Metro de Madrid.

Hace unos días le tocó el turno al Canal de Isabel II, que si era un símbolo de Madrid, que si que buena está el agua, etc, etc. Pues mira por donde, no es perra sino conde, que el agua de Madrid ha empezado a saber a excremento perruno, a lo que cabe preguntarse si ‘Espe’ tiene una bola de cristal, si sabe de antemano los problemas que se avecinan o si es que donde pone el ojo pone la bala, porque hay que ver que puntería. Me estoy temiendo que en algún momento anuncien el aire de Madrid, porque en ese momento sé que lo que tengo que hacer es comprar una mascarilla antigás.

Y de vuelta a la profesionalidad de este texto, quiero concluirlo con una reflexión que esta vez si pretende ser seria. La solución al problema del agua de mi casa la resolvía ayer por la noche bajando a la tienda de alimentación que hay al lado de mi morada (sí, ya sé que todos tenéis una en vuestra misma calle) y comprando una botella de agua mineral. Sin embargo, hay millones de seres humanos que no tienen una tienda cerca de su casa y el agua a la que tienen acceso no es que sepa mal, es que les mata directamente porque no es potable. Tenemos suerte de vivir en Madrid.