"Si no podemos vivir juntos, moriremos solos"
Jack Shephard (Lost)

viernes, 29 de enero de 2010

VUELVE PRONTO, POR DIOS


El mejor lateral izquierdo del mundo juega en Coruña, se llama Filipe Luis, y digo bien, juega. Estoy convencido de que el brasileño va a volver y con más fuerza que cuando se lesionó, fortuitamente, en el partido de este sábado frente al Athletic, cuando marcaba el primer gol del encuentro. Filipe es un jugador de garra, de ésos que luchan y se dejan la piel, la sangre y el sudor en la hierba, aunque estoy convencido de que si tuviera que jugar en tierra también lo haría.

Un deportista, un atleta que llevaba 82 partidos de liga consecutivos disputados, a cada cual con más esfuerzo y pundonor. Cuando llegó al depor le miraba con el recelo que se mira a un defensa joven y brasileño –dos características poco favorables para un zaguero- sin embargo, poco a poco se fue ganando el cariño del público y ahora era el más querido de la afición, sólo superado por Don Juan Carlos Valerón.

A Filipe, en Coruña se le mira como a la típica novia que sabes que algún día se va a marchar de erasmus y que sabes que quizás no vuelva. Le miramos con aprecio porque se merece jugar en un equipo que tenga su espíritu ganador, pero le vemos con el orgullo de quien es conocedor de que tiene una gran riqueza y que hay que disfrutar mientras se pueda.

Filipe iba a disputar el mundial, estoy convencido de ello, también estoy seguro de que iba a acabar jugando de titular y de que el próximo año íbamos a disfrutar de él en un equipo más grande que el depor. Me iba a alegrar por él y le íbamos a echar de menos en Riazor. Sin embargo, ahora nos entristecemos por su lesión y le vamos a extrañar por la banda izquierda del coliseo blanquiazul.

El mejor lateral izquierdo del mundo, no utiliza máscara. Le dice al portero del Athletic que en cuatro meses le mete otro gol y sabes que se lo cree, que ya está poniéndose en forma aunque tenga que permanecer postrado por una lesión que le alejará de los campos de juego entre cuatro y seis meses. El buen humor, el tesón, el carácter y las ganas de volver de Filipe le van a ayudar a regresar. Que sea pronto, por Dios.

lunes, 25 de enero de 2010

QUE DISTINTA SERÍA LA VIDA


Siempre he defendido que los lugares los hacen las personas que los habitamos. Puedes estar en un sitio gris y vulgar, pero si estás rodeado de buena gente el emplazamiento se vuelve interesante. Ocurre con muchas ciudades, pero sobre todo pasa en los microcosmos donde transcurre nuestra vida cotidiana. Pongamos por ejemplo el lugar de estudio, el trabajo, el gimnasio, yo que sé...

La historia quedaría incompleta, para los que no me conocen, sino explico que hace seis años estuve apunto de no poder estudiar periodismo porque una profesora se empeñó en que tenía que suspender matemáticas (en selectividad saqué un 7,5). Esta señora mintió muchísimo, pero al final conté con la ayuda de un funcionario de esos a los que le gusta su trabajo: José Antonio del Beatriz Galindo. Este hombre, cuando yo estudiaba, tenía el cargo de orientador, además de ser mi profesor de psicología.

Tuve suerte. Ese año, en el que la profesora de matemáticas mintió para que no pudiera hacer la selectividad, José Antonio era mi tutor. Un funcionario que se ganaba el sueldo, que consultó a mucha gente para confirmar mi versión y que finalmente creyó en mí. Me defendió a capa y espada y consiguió que mi examen de matemáticas lo viera una inspectora que, por supuesto, subió la nota de un 3 a un 5, permitiéndome hacer la PAU.

Eso hizo que yo pudiera estudiar periodismo en 2004, sino habría perdido un año y no habría conocido a la gente con la que me he encontrado en estos cinco años. No sé donde estaría, sólo sé que no estaría aquí, en este camino que tanto me gusta, puede que ahora estuviera escribiendo otra cosa y seguro que tú no lo leerías. Hay lugares, hay personas que cambian la vida. José Antonio es una de ellas.

Da la casualidad de que además José Antonio conocía gente de la revista La Voz del Beatriz (que es como se llama la publicación de mi antiguo instituto) y me propuso escribir en ella. La verdad es que nunca publique nada, lo fui dejando.... Sin embargo, si que me sirvió para conocer a alguien que escribía en ella (a la que conocía de vista desde hacía ocho años). Después, la casualidad, el metro, el desparpajo que brota en el momento más imprevisto, la cercanía, las coincidencias, la afinidad, la buena suerte... a veces, hacen lo demás. José Antonio cambió mi vida, no sé dónde estaría sin él, pero sé que donde estoy -donde estamos- me gusta. No me imagino mejor compañía.

martes, 19 de enero de 2010

DONDE LA VIDA Y LA MUERTE NO VALEN NADA


En estos días en los que los muertos de Haití ocupan la primera plana de todos los periódicos que no se atrevieron a sacar a los muertos del 11-S, me aterra pensar en una idea que defiende una amiga ucraniana: “la muerte violenta también es natural”. Y cuando habla de “la muerte violenta” se refiere a los asesinatos a sangre fría (o a sangre caliente, es igual).

Ella dice que el planeta tiene exceso de pasajeros y que de alguna forma se tiene que expulsar a alguno de los que viajamos a bordo. “Es normal, somos más de seis millones y alguno sobra”. Me aterra pensar que esta idea salga de los labios de una chica de poco más de 20 años y más –insisto- en estos días en los que los muertos se empiezan a contar por decenas de miles al otro lado del Atlántico.

No quiero ser determinista y decir que cuando hay exceso de población la Tierra se la sacude con terremotos o tsunamis, pero si que es cierto que en una vida en la que morir es fácil (por la cantidad de enfermedades que nos rodean, por la mala suerte y por los movimientos sísmicos), que los hombres nos matemos entre nosotros es todavía más doloroso. El asesinato no debe ser asumido jamás como algo natural, ni siquiera la violencia. Ninguno de estos actos se puede escudar en la frase cobarde: “somos animales”. Porque además de animales somos racionales.

En una escena del Tercer Hombre, Orson Welles dibuja la imagen más aterradora del hombre. Un individuo, subido a lo alto de una montaña rusa, le comenta a otro que si por cada punto que se dejara de mover le dieran cierta cantidad de dinero, cuántos puntos le gustaría que se parasen. Los puntos eran seres humanos que se veían desde lo alto del carrusel.

Sin embargo, de la anécdota hay que sacar algo menos concreto y es que en algunos lugares la vida no vale nada. En muchos sitios del planeta la muerte a tiros se interpreta como algo natural. “Murió de un ataque de plomo”, comentan y casi nadie lo llora porque lo ven como algo cotidiano. No quiero señalar con el dedo, pero uno de los sitios en los que los asesinatos están a la orden del día es en Ucrania, quizás por eso mi amiga lo ve como algo natural. Es en este momento cuando tenemos que abandonar el relativismo y hacer ver que cualquier fallecimiento es doloroso, pero si además no es fortuito, es como si nos mataran a una parte de nosotros mismos. Si nos quedásemos solos, ¿de que valdría el dinero?

martes, 5 de enero de 2010

¡QUÉ VUELEN ELLOS!


El avión siempre ha sido un medio de transporte cómodo y rápido; te sientas en tu asiento, te abrochas el cinturón, cierras los ojos, y a las dos horas y pico estás en Gran Canaria, en Milán o en París. Si le echas un poco más de tiempo llegas a Miami, Cuba o Puerto Rico. Antes de subir a bordo pasas unos controles rutinarios; aunque depende de adonde vayas, ya que si vas a Estados Unidos tienes que responder a preguntas tan lógicas como: ¿perteneces a una organización terrorista?¿Quieres matar al presidente? Etc, todo muy lógico, porque está claro que la gente suele confesar este tipo de cosas.

Cómodo (quitando que no puedes llevar líquidos, por ejemplo) y rápido, hasta ahora. Momento en el que parece que la seguridad debe estar por encima de todo, incluida la intimidad. Porque que me digan qué es que te hagan pasar por un escáner en el que te pueden ver como si estuvieras desnudo, como se está planteando en Estados Unidos, Gran Bretaña y en Holanda. Vamos, que los niños que sean un ‘pelín’ pervertidos, en vez de ginecólogos, van a querer ser guardias de seguridad de aeropuertos americanos, británicos o holandeses.

Pero además de estos nuevos aparatos para ‘garantizar’ la seguridad del pasaje, se añaden otras medidas que parecen aún más irracionales. Los viajeros que se dirijan a Estados Unidos tendrán que viajar con un sólo equipaje de mano, y cuando queden 60 minutos para el aterrizaje no podrán utilizar aparatos electrónicos como mp3, Dvd portátil, ordenadores, etc. Quizás estas medidas tengan algo de lógica y alguien me pueda decir que antes la gente volaba sin ir enchufado a ningún artilugio y no pasaba nada. A ellos, les diré que, además, durante la última hora de vuelo no podrán ir al baño, ni leer, ni utilizar almohadas o mantas de vuelo, ni tener nada cerca de las manos; por otro lado, en vez de dos, tendrán que estar tres horas antes en el aeropuerto.

Entiendo el razonamiento de la seguridad, sobre todo después de que un individuo intentará hacer explotar, en pleno vuelo, el día de Navidad un avión que partía de Ámsterdam y se dirigía a Michigan (Detroit); era la respuesta de Al Qaeda a los ataques que había sufrido la organización terrorista en Yemen. Pero si la seguridad tiene que estar por encima de todo, me pregunto por qué no viajamos esposados, como si fuéramos delincuentes, y encañonados durante todo el vuelo, con tal de que no nos mareen antes de subir a un avión y nos dejen ir al baño cuando sea necesario, como diría Gomaespuma, yo casi que te lo prefiero.

sábado, 2 de enero de 2010

AUTOPISTA POR UN CIELO MOJADO


Saltamos, rugimos, nos agachamos para que el granizo no nos golpee con tanta virulencia, cantamos, reímos... Son los momentos antes de la San Silvestre, las 18.07 avenida de Concha Espina del último día del año. Junto a mí, como el más fiel de los escuderos, mi hermano Antonio. Estamos rodeados de miles de desconocidos, entre el tipo de delante y yo unos milímetros, le piso sin querer, él me pisa, nos disculpamos y nos sonreímos. Nos une el color de la camiseta, ese rosa chicle oscuro que ha tocado en 2009 y que hace que conformemos el equipo más grande del mundo. El equipo de la San Silvestre Vallecana. Complicidad.

Complicidad como en el momento en el que todo el grupo de la segunda oleada (los participantes salimos en tres grandes oleadas -18.00, 18.08 y 18.15- para que no nos amontonemos los 22.800 corredores) nos dirigimos a la línea definitiva de salida. Carreritas cortas para no perder la posición, aplausos al grupo que salió ya en pos del campo del Rayo, manos al cielo y vuelta a rugir para sacar la adrenalina que llevamos dentro. El ambiente recuerda a una batalla épica, los pasos de los corredores son impulsados por el sonido ‘Highway to hell’(autopista al infierno) de AC/DC. El recuerdo de la batalla de Troya o de la lucha de los orcos se matiza con el suave y siempre adictivo olor a reflex que desprenden las piernas de algún precavido.

La lluvia arrecia, las manos frotan los cuerpos para evitar que el poco calor que acumula la piel se evapore, suenan los cuartos que preceden a las uvas de fin de año que es el pistoletazo de salida que han elegido los organizadores de la San Silvestre. La carrera está en marcha. Antes de salir nos abrazamos mi hermano y yo, en el abrazo hay más de fidelidad (no nos vamos a separar durante los 10 kilómetros pase lo que pase), de ánimo y de complicidad que de cariño.

La carrera empieza con la típica cuesta de Concha Espina, subimos fácil porque todavía el recorrido no ha hecho mella en nuestras piernas. Me sorprende que, a pesar de que llueve bastante, los laterales de la carretera están llenos de curiosos. El camino transcurre tranquilo y acompasado por la lluvia. Continuamente mi hermano me busca con la mirada y yo a él. No nos perdemos, gritamos a la gente para que nos anime, aunque pienso que bastante tienen con haber bajado a la calle para vernos pasar. Algunos niños se atreven a sacar las manos de los bolsillos para palmear las manos de los participantes. Choco la mano con un niño y sonrió.

Mi hermano y yo llegamos a meta de la mano, tiempo 45.20, posición 2.725 (no está mal, he corrido más que 20.075 personas- pienso). Caminamos juntos bajo el frío y el agua que han calado todas las capas que me cubrían, buscamos el metro. De camino devolvemos el chip que llevamos atado a la zapatilla y que cuenta el tiempo, cogemos agua, bebida isotónica y un plátano. Mi hermano me dice: “podría haber corrido más, pero no sabía el recorrido y no podía vaciarme, pero el próximo año...” Acabamos de finalizar la carrera y ya estamos pensando en el próximo año, esto es la San Silvestre. Una tradición como el turrón, las campanadas, las uvas y los polvorones, el que la cata repite porque es una fiesta y porque es la mejor forma de acabar el año.

El 31 te vi correr, no sé si estuviste en la carrera pero de alguna forma corriste conmigo, por eso estoy contento. El año 2010, el tuyo y el mío, ha empezado bien, estamos en un buen lugar y estamos juntos. Tiene pinta de ser un buen año, con sus números redondos 20-10, y quiero que lo sientas así. Te deseo una década feliz ya sea la de tus 10,20,30,40,50,60,70,80,90 (no se me olvida que mi abuela cumple mañana 90 añazos, no estaré en Valladolid, pero estaré para los 100). Espero una década cargada de deporte y de salud, porque al final los buenos hábitos, la amabilidad, el buscar hacer la vida más fácil y más feliz a los que nos rodean, las ganas de sonreír.... son el camino hacia el cielo que sólo te puedes garantizar tú, mientras estés vivo. La lluvia y otros obstáculos de la autopista son los que hacen que vivir tenga mérito y que el cielo sepa más a cielo.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

MÁS ESTADO, POR FAVOR


Llámenme socialista si quieren. Como afirmo en el perfil de este blog no me gustan las etiquetas, pero si el precio de defender la existencia de un estado fuerte es recibir el apelativo de socialista lo aceptaré encantado. Comunista no, por favor. Creo en la democracia y el único pensamiento único (sándwich de único con pensamiento) que puedo defender es que el ser humano, por serlo, tiene que tener las mismas oportunidades y derechos con indiferencia del lugar en el que nazca. Supongo que gracias a esta última apreciación me llevaré la pegatina de utópico.

Si alguno se pregunta porqué pido más estado, es porque la administración pública que yo me imagino está lejos de ser un ente opresor que se dedique a recaudar para mantener una oligarquía de funcionarios ajenos al funcionamiento de la sociedad. El estado que yo defiendo es aquel que garantiza la salud, la educación, la justicia y la seguridad de todos los hombres y mujeres del planeta y para ello hace falta un buen mecanismo de redistribución de las rentas.

Hay muchos que dicen “más mercado y menos estado” y luego tiene que venir la administración pública de un país llamado España a solventar la papeleta de un individuo como Díaz Ferrán que deja tiradas a más de 7.000 personas en varios aeropuertos de nuestro país y Suramérica en los días previos a Navidad. El representante de los empresarios españoles tiene la poca vergüenza de ir dando lecciones sobre deuda pública y medidas económicas a un presidente del Gobierno que ha sido elegido por muchos millones de personas (aunque pueda pesar a varios millones de españoles también) y luego no ser capaz de gestionar una empresa del tamaño de Air Comet. (Eso sí, para gastarse miles de euros en una joyería del barrio Salamanca muy arruinado no está). Tal vez por eso le gustaría que los trabajadores estuvieran menos protegidos para, como ya ha hecho, no pagarles cuando quisiera.

Más estado es lo que pedían los 46 millones de estadounidenses (15% de la población) que no tenían acceso a la sanidad y que ahora empiezan a ver la luz gracias a Obama y a que el día de Nochebuena se llegó a un acuerdo en el Senado de EEUU para que las aseguradoras garanticen los servicios médicos a 31 millones de norteamericanos más. Todavía queda mucho camino y aún mucha gente quedará en la cuneta porque el pueblo de Estados Unidos se opone mayoritariamente a la creación de una sanidad pública para todos. Nunca he comprendido esta idea, pero supongo que habrá que estar en el país americano para poder defender más inversión en el ejército y menos en sanidad.

Los secuestros fuera de nuestras fronteras, las pensiones por invalidez o por jubilación, los juicios a malhechores y las prestaciones por desempleo son varios de los ejemplos que ilustran la necesidad de un estado fuerte. Llámenme lo que quieran pero hagan el favor de pensar que sería de la sociedad si no existieran administraciones públicas que garantizaran el fracaso de la frase de Hobbes (“el hombre es un lobo para el otro hombre”). Porque el hombre –la mujer- es bueno por naturaleza, pero es que a veces se tuerce.

lunes, 28 de diciembre de 2009

CONFESÁNDOME EN SILENCIO


“Vive como si murieras, para poder morir diciendo que esto mereció la pena”, es una frase que podría haber firmado cualquier filósofo del siglo XVIII (vive cada momento como si fuera el último). Sin embargo, estas palabras brotaron de la boca del cantante de Gritando en Silencio que, escondido detrás de una armónica, clamaba que pertenecemos a “la generación del orgullo del mediocre”, ésos que nos escondíamos para no destacar (añado yo). Por contra, haciendo gala de su sentido del optimismo, la canción dice a continuación “en un segundo cabe un mundo y hay que vivirlo a quemarropa”.

Gritando en Silencio salió al escenario de Gruta 77, el martes 22 de diciembre luciendo sus múltiples contrastes, por un lado la simpatía de su pequeño cantante (metro y medio de puro rock con una voz que amenazó quebrar, pero que se mantuvo firme hasta el final -igual que la pureza de su guitarra, de la que rompió una cuerda en la penúltima canción) Para hacerse más visible, Marcos (nombre del líder de la formación) utilizó un pañuelo de color rojo anudado al estilo pirata, mezclado entre un guitarrista y un bajo bastante altos. El batería, por su parte, saltó al escenario sin camiseta y Marcos no tuvo reparos en seguir su camino después de interpretar “mírame desnudo”...

...“Somos animales, no estamos hechos para las ciudades”. Sigo con mi confesión –que no es mía, pero me siento identificado: “no me falta de nada, pero todo se distancia”, “me parto con las prisas”, “cuando nos faltan las fuerzas echamos mano a los cojones”, “aunque la suerte no esté de mi lado, lucharé hasta estar acorralado”, “las palabras me sobran si hablo de perder”, “soy perro flaco pero no estoy herido”, “voy dando tumbos no me derrumbo”, me siento como un trapo.... (Y esto a veces también, igual que a la gente que en ocasiones me rodea)...y aún no sé lo que he hecho”, “hay cosas que no compran tu monedero”, “como un florero de cristal para una flores de cartón, como una rosa en un cajón”, “me siento esclavo y me mata el tiempo de quien no lleva amor en los brazos”.

La reacción correcta hacia quien “no lleva amor en los brazos” y que trata a la gente como un trapo es “por fuera hay que ser duro, como el asfalto; la piel igual de fría que si fuéramos lagartos...”, según recomienda los propios componentes de Gritando y que se pueden traducir en ‘no seas un pagafantas, ni un pesado, ni te pases la vida detrás de una muchacha’. Como mucho te puedes permitir el lujo de preguntar “¿Dónde te has quedado?”, canción que no está en el disco, pero sí en la maqueta, y que arrancó el entusiasmo de los presentes. Más tarde vendrá “el vuelve a por mí (cuando no esté)”.

El concierto –que empezó con la canción instrumental ‘arrancamos’- sigue “y aunque todos entran a misa, yo te despido a mi manera, a ti no te ha servido te han llevado aunque creyeras...” Estas frases, que son un homenaje del cantante a un amigo que murió, una composición que le buscó a él y no al revés (“cada palabra que dijiste en nuestra mente queda dicha”). Las palabras a las que hago mención me recuerdan a una dicotomía lejana del sentido de la canción: los católicos practicantes que luego con la familia, los amigos o los compañeros de trabajo son bastante capullos.

Entre los puntos negros del concierto no voy a contar la pelea que hubo en las postrimerías del espectáculo, (porque desgraciadamente es algo usual), pero si haré referencia (aunque lo de la gente que habla sin saber también es algo que se repite en demasía) a las palabras del bajo: “hacen falta más talibanes en el mundo (...) no se puede dar un Nóbel de la Paz a un presidente que es un terrorista”. La segunda apreciación no merece ningún comentario por mi parte (se contesta sola). Pero la de los talibanes no la puedo pasar por alto. A este individuo, que hace apología de algo que no conoce, le diría que si él estuviese cerca de sus ‘queridos’ talibanes seguramente acabaría entre rejas por amanerado y por tocar un instrumento (magníficamente) a las tantas de la noche.

Sin embargo, hoy hay que destacar las virtudes de un grupo que tiene unas letras “de más de tres reglones”, con alusiones pacifistas “la guerra y las banderas sólo hacen esclavos”; al amor “pero ella merece más una canción que las calles de Madrid, porque hace más de dos años que me quiere a quemarropa, aprendo a tener paciencia... porque no hay guerras civiles, si echamos el pestillo y aunque siga siendo cutre el mundo ya no es un ladrillo, por eso miénteme y dime que nos veremos, tan solo unas horas y ya te echo de menos, setecientos treinta y tantos días de tu sonrisa haciendo que la vida no sea papel de lija”.

También hablan de destino “solo quedan los escombros de soñar con poder verte, voy de paso por la suerte, nunca me ha asustado la muerte” o de la vida “ahora que el fracaso es algo que está por llegar, ahora que abrazo a mi guitarra (bicicleta) antes que a la soledad, ahora que Gritamos y casi nadie escucha, ahora que el Silencio lo dice casi todo”. Ahora es cuando te quiero recomendar que escuches a Gritando en Silencio un grupo que canta de amor y de desamor, pero sobre todo de hechos cotidianos y de vivir la vida con coraje. Una banda de rock que destila filosofía y simpatía.